Ingenio de Comunicación

LO QUE HAY QUE VER, de Miguel Durán y Esther Jaén (peninsula)

LO QUE HAY QUE VER
Miguel Durán y Esther Jaén


«Le pregunto si tiene inquietudes o ambiciones. Y se declara "inquieto y de ambición utilitaria".
Yo siempre he hecho una distinción personal en esto. Para mí la inquietud es del alma. La ambición es del bolsillo. Sé que ningún estudio etimológico me avala… Pero yo me entiendo.
—Si repasas tu trayectoria con rigor —le digo—, ¿encuentras algún lance por el que hubieras merecido la cárcel?
—Para cárcel no he hecho nada. Para algún castiguillo y reprimendas, sí.
Del prólogo de Pedro Ruiz.


Cuando Miguel Durán nació, a mediados de los cincuenta, en España se esperaba muy poco de los ciegos. En su pueblo natal de Badajoz, un niño como él, aunque feliz, tenía poco futuro. De modo que, a sus diez años, su familia se trasladó a Sant Boi de Llobregat y allí lo afiliaron a la ONCE. En el internado de Alicante de la entidad, Miguel Durán empezó a dar muestras de una vivísima inteligencia que, pocos años después, le tendría cursando la carrera de Derecho en Barcelona, al tiempo que trabajaba en una imprenta especializada en libros en braille.

A partir de ahí, el cielo era el límite: consiguió empleo como abogado, se casó —pese a la oposición inicial de la familia de su mujer, vidente— y se implicó en la democratización de la ONCE. En 1985 fue nombrado delegado territorial en Cataluña y en 1986 director general de la entidad. En 1989 la ONCE se convirtió en accionista de Telecinco y poco después él fue nombrado presidente de la cadena. Compatibilizó el cargo con el de presidente de la cadena Onda Cero, también propiedad de la organización.

La proyección que consiguió para la entidad, el crecimiento del cupón (a costa de la Lotería Nacional), la apuesta por el mundo mediático, muy exitosa en ciertos ámbitos —sobre todo el audiovisual y radiofónico—, pero un fracaso en otros, pasó factura, pero también lo convirtió en icono de una época. Hoy, décadas después de dejar la dirección general de la ONCE y la presidencia de Telecinco, Durán sigue siendo el ciego más famoso de España y un hombre hecho a sí mismo que tiene mucho que decir, y al que nadie ha regalado nada.

 

Miguel Durán y Esther Jaén

Los autores

MIGUEL DURÁN (Azuaga, Badajoz, 1955) estudió Derecho en Barcelona. Fue delegado territorial de la ONCE para Cataluña y luego director general de la entidad. En 1989 la ONCE se convirtió en accionista de Telecinco y en 1990 él fue nombrado presidente de la cadena. También presidió Onda Cero, propiedad de la ONCE. Abandonó la dirección general de la entidad en 1993. En 1996 dejó de ser presidente de Telecinco tras la adquisición del 25 % del accionariado por parte del grupo Correo. En la actualidad es socio, junto con su sobrino, del bufete de abogados Durán & Durán.

ESTHER JAÉN (Barcelona, 1968) es licenciada en Ciencias de la Información. Inició su actividad profesional en 1990 en la Cadena SER, a la vez que escribía en la revista Tiempo y, posteriormente, en El Siglo. Más adelante fue nombrada delegada en Madrid de COM Ràdio e inició su etapa como analista y comentarista política en numerosos programas de radio y televisión.  Fue columnista en La Razón, Público y La Gaceta. En la actualidad colabora con TVE, Cuatro, Telemadrid, 13 TV y Onda Madrid. Es socia cofundadora y escritora del diario digital Cuartopoder.es y autora de los libros Los hijos del César (1995) y Cómo ser un político y no morir en el intento (2006), y coautora de Zapatero «el Rojo» (2007).


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